¿Por qué a los economistas les fascinan los mercados libres y la competencia?

Los economistas adoran los mercados competitivos libres – mercados en los cuales numerosos compradores interaccionan libremente con numerosas empresas competitivas. En efecto, los economistas están fuertemente convencidos de que cuando funcionan correctamente, los mercados competitivos libres son, sin duda alguna, la mejor manera de convertir los recursos limitados de la sociedad en los bienes y servicios que la gente quiere comprar.

¿Por qué depositan los economistas tanta confianza en los mercados competitivos libres?

Porque la interacción de la oferta y la demanda conduce a un resultado en el cual cada unidad que se produce de un bien satisface dos condiciones excelentes:

 

  • Se produce al menor coste posible, de modo que no hay desperdicio ni ineficiencia.
  • Sus beneficios exceden a sus costes. Es decir, sólo se obtiene el producto que hace que el mundo esté mejor.

 

Otra razón por la cual a los economistas les encantan los mercados competitivos libres es porque nos dan un paradigma contra el cual juzgar todas las otras instituciones económicas. De hecho, los economistas llaman fallidas de los mercados a muchos problemas económicos precisamente porque son casos donde, si los mercados pudieran funcionar de la manera adecuada, los problemas desaparecerían con rapidez.

Los mercados libres garantizan resultados óptimos sólo si se cumplen las siguientes condiciones:

  • Todos los compradores y vendedores tienen acceso a la misma información completa y detallada sobre el bien o servicio en cuestión.
  • Los derechos de propiedad se establecen de manera tal que la única forma en que los compradores pueden adquirir el bien o servicio en cuestión es pagándoselo a los vendedores.
  • Las curvas de oferta captan todos los costes de producción en que las empresas incurren para hacer el bien o servicio en cuestión.
  • Las curvas de demanda captan todos los beneficios que la fente deriva del bien o servicio en cuestoión.
  • Hay numerosos compradores y vendedores, y ninguno es lo suficientemente grande como para afectar el precio de mercado. Éste se conoce con frecuencia como el supesto del precio dado porque todos tienen que aceptar el precio como dado.
  • El precio de mercado se puede ajustar libremente para que la oferta y la demanda sean iguales para el bien en cuestión.

Básicamente, estos seis puntos logran dos objetivos amplios:

  • Garantizan que la gente esté dispuesta a comprar y vender en un entorno de mercado.
  • Aseguran que los mercados tengan en cuenta todos los costes y beneficios de producir y consumir una cantidad dad de producto.

Si se cumplen los seis requisitos, sucede algo maravilloso: la oferta y la demanda logran automáticamente el óptimo social sin que el gobierno o activistas con conciencia social tengan que hacer nada. Esta revelación fue la base de la metáfora de Adam Smith de una mano invisble que parece guiar a los mercados para que hagan lo correcto a pesar de que nadie esté a cargo –  y a pesar del hecho de que cada individuo en el mercado puede estar pensando sólo en su propio interñes.

Fuente: Economía para dummies, por Sean Masaki Flynn.

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