Diferentes tipos de sociedades

Si estamos pensando en montar una empresa y dejar de trabajar por cuenta ajena, rápidamente nos asaltan muchas dudas. Una de ellas suele ser sobre qué tipo de sociedad nos resultará más conveniente y cuales son las diferencias entre ellas.

En la página www.navactiva.com publicaron una pequeña guía que nos ayudará a la hora de responder a la pregunta de sobre qué tipo de socidad nos conviene más:

Todo depende de la responsabilidad que quiera asumir, del capital que pueda invertir y decómo sean sus socios.

No puede dejar nada al azar. Saber cuál es la forma jurídica ideal le ahorrará más de un dolor de cabeza. Pero… ¿cómo decidirse? Primero deberá enterarse de si la actividad que va a ejercer requiere un tipo de sociedad determinada. Por ejemplo, una entidad que opere en el sector financiero y asegurador deberá ser una SA. Si puede elegir, tendrá que tener en cuenta si se lanza a la piscina empresarial en solitario o con algún socio.

En general, los expertos recomiendan que, si está acompañado, elija una fórmula asociativa: una sociedad mercantil o una comunidad de bienes. Si está solo ante el peligro, le conviene convertirse en empresario individual o constituir una sociedad mercantil unipersonal.

No le saldrá barato. “Crear una SL le costará un mínimo de 500 euros sólo en papeleo, sin recurrir al gestor”, asegura Sebastián Reyna, presidente de la asociación de autónomos UPTA UGT. Y tardará un mínimo de 30 a 60 días en tramitarla (salvo cuando empiece a funcionar la SL Nueva Empresa, que sólo tardará 48 horas). Igual le compensa: para los clientes, tener una empresa es sinónimo de prestigio.

Y si hay deudas… ¿preferirá responder de ellas sólo con el capital de la compañía o también con el suyo particular? En el primer caso le convendrá crear una SL, una SA o una sociedad laboral.

Los expertos también aconsejan pensar en el Fisco. Si se convierte en empresario individual o crea una comunidad de bienes tributará a través del IRPF, que varía según sus beneficios. Si se decanta por una sociedad, pagará a través del Impuesto de Sociedades, cuyo tipo impositivo es único (el 35% sobre los beneficios que obtenga, y el 30% para empresas de reducida dimensión en los 90.151 primeros euros). Tendrá exenciones fiscales si crea una cooperativa (20% sobre beneficios) o una sociedad laboral.

Los riesgos de convertirse en autónomo

“Tenemos todas las desventajas del pequeño empresario y del trabajador” En España hay casi 2,7 millones de profesionales inscritos en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA). Pero sólo 1,9 millones son los llamados “autónomos puros”. Es decir: el taxista, el tendero, el fontanero… Aquellos que no tienen trabajadores a su cargo y “a los que verdaderamente les afectan las principales desventajas de este colectivo”, asegura Sebastián Reyna, presidente de la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTAUGT).

“Además de llevarnos a casa todos los problemas, nos levantamos una hora antes y nos acostamos una hora después que un empleado normal”, se queja Luis Ramírez, un autónomo que trabaja en la tienda Muebles Hiloga de Albacete. Siempre se han sentido los patitos feos del tejido empresarial. “Los sindicatos nos consideran empresarios y, éstos, simples trabajadores”, asegura Camilo Abietar, presidente de la Organización de Profesionales y Autónomos (OPA). No es de extrañar: siempre han tenido muchas desventajas con respecto a los trabajadores por cuenta ajena. Pero, desde este año, parece que la vida les sonríe… al menos un poco.

 

De entrada, el 1 de enero se suprimió el Impuesto de Actividades Económicas (IAE) para las personas físicas o jurídicas que facturen menos de un millón de euros. Gracias a ello, cada uno se ahorrará una media anual de 350 euros. “Estamos contentos, pero tememos que antes de fin de año surja otro impuesto que lo sustituya”, se lamenta Abietar.

Ventajas “Sólo hay una: ser el dueño de su propio negocio”, asegura Abietar. Para muchos, un aspecto muy goloso que compensa los malos ratos. “Se puede acceder a unos mayores niveles de renta: no hay límite”, añade Sebastián Reyna. Pero nunca es tan sencillo. Se puede trabajar muchos años sin estar montado en el dólar. Como Belén Díaz, que empezó como autónoma a los 19 años. Ahora, a los 34, ha pasado por casi una decena de actividades y acaba de montar una tienda de ropa exótica. “Por ahora el margen es pequeño y no descanso nunca”, aclara.
Inconvenientes

Para algunos, pesan demasiado. Aunque hay mejoras a la vista que se plasmarán próximamente en un Real Decreto, sólo ha entrado en vigor la supresión del IAE. Dentro de poco, además, los autónomos menores de 30 años podrán cotizar menos a la Seguridad Social durante los tres primeros años. Tome nota de dos medidas más recogidas en el Real Decreto:

Hasta ahora, los autónomos sólo podían cotizar en la Seguridad Social por enfermedad común. Y sólo de forma voluntaria, por lo que sólo 800.000 trabajadores por cuenta propia lo

hacían. El resto carecía de cobertura. Ahora las cosas han mejorado. En teoría, desde el 1 de enero pueden cotizar de forma voluntaria por enfermedad profesional o accidente laboral y cobrar desde el primer día. Pero todavía es imposible.

También hasta ahora, los autónomos cobraban la prestación por enfermedad común a partir del decimoquinto día de baja. Hoy se pretende que lo hagan a partir del cuarto día. “Los

empresarios pagaban la diferencia del cuarto al decimoquinto día y, ahora, nosotros queremos que el autónomo se pueda pagar esa cantidad, como si fuese un seguro privado”, señala

Reyna. Para el presidente de UPTA-UGT, ambos aspectos estarán solucionados “como mucho en seis meses”.

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¿Más inconvenientes? Si un autónomo cierra su negocio o se queda sin trabajo, no puede cobrar la prestación por desempleo. Y si tiene deudas, debe responder con su patrimonio.

“Queremos que el autónomo cotice un mínimo de tres años para que, cuando cierre, pueda cobrar el paro durante un año”, añade Abietar. Será difícil: por ahora, el Gobierno lo ha

descartado. Los problemas no acaban aquí. Cuando un autónomo quiere contratar y dar de alta a un familiar, si éste vive o depende de él, no puede hacerlo en el régimen general, sino en el de autónomos. Con todas las desventajas que ello conlleva. Por ejemplo, que es más caro. Por eso, según la OPA, sólo el 15% de las empresas de estos trabajadores pasa de la tercera generación. Y, además, en España hay 317.000 personas que colaboran con autónomos en el negocio familiar y no están dadas de alta en la Seguridad Social, según un informe de la Asociación de Trabajadores Autónomos.

¿Más reivindicaciones? Ahora, este profesional sólo puede jubilarse a los 65 años. El objetivo es que pueda acceder a la jubilación anticipada a los 61 años en las mismas condiciones que 

los asalariados. Además, la economía sumergida supone para ellos una feroz competencia desleal. Precios más bajos, exceso de profesionales… “Es una lacra social consentida por la Administración, que no hace nada porque quiere asegurarse los votos de quien trabaja en dinero negro”, denuncia Camilo Abietar

 

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