La zona de confort

Según nos define la wikipedia: “En el ámbito del coaching, se conoce como zona de confort al conjunto de limites que, sutilmente, la persona acaba por confundir con el marco de su íntima existencia.

Sin duda, es una de las expresiones más significativas porque define muy gráficamente el acomodo de aquellas personas que han renunciado a tomar iniciativas que les permitan gobernar sus vidas.

El coaching, a través de un proceso —por lo general— sencillo y breve, resulta muy eficaz para alcanzar nuevos horizontes. Indiscutiblemente, cuando se abandona el camino más trillado aparecen alternativas que merecen ser tenidas en consideración”
Dicho de otra manera, ¿cuántas veces hemos dejado de hacer algo por miedo, desconocimiento o pereza? Nuestra zona de confort, es nuestro “mundo conocido”, ahí donde nos sentimos cómodos, donde conocemos lo que ocurre y sabemos de antemano las consecuencias de nuestros actos.

Un ejemplo típico, sería encontrarse en una discoteca, ver a una mujer(o a un hombre) y pensar en acercarse para intentar ligar. Eso en nuestra cabeza suena bien.”Si me acerco, me presento, entablamos conversación quizá pueda conseguir que se fije en mi y conseguir su teléfono”. A la hora de actuar, nos ponemos nerviosos, pensamos en aplazar el momento de acercamiento un poco más. Nos tomamos una copa para afianzar nuestra seguridad. Miramos, pensamos. Volvemos a mirar, tomamos otra copa. Nos sudan las manos, el corazón empieza a acelerarse con el pensamiento de tener que acercarse. Al final, normalmente sucederán 2 cosas: La mujer se irá o veremos a otro hombre acercarse y hacer exactamente lo que nosotros estábamos pensando.

Entonces lejos de sentirnos mal por no haber actuado, empezamos a sentirnos mejor porque ya sabemos que no tenemos que hacer nada. Nuestro pulso vuelve a normalizarse y nos sentimos más tranquilos, más cómodos.

¿Qué es lo que ha pasdo realmente? El simple hecho de pensar en salir de nuestra zona de confort nos ha desestabilizado y bloqueado. Inmediatamente después al saber que realmente no tendríamos que hacer nada, nos hemos tranquilizado, porque dentro de nuestra zona cómoda lo conocemos todo y ahí no hay riesgos que correr. Esto es una cosa que no solo ocurre en el ámbito de una discoteca, ocurre constantemente en nuestra vida y en multitud de lugares y situaciones. Hay un refrán que dice “Mas vale malo conocido, que bueno por conocer”. Creo que este refrán resume perfectamente el significado de la zona cómoda.

Sea cual sea la situación en la que nos encontramos, la conocemos perfectamente, está controlada (aunque sea una situación horrible). Si hacemos tal cosa, o dejamos de hacer tal otra, aquizás todo nos vaya mucho peor, con lo que más vale quedarse como se está. Pero y si al salir de nuestra zona de confort, lo que nos encontráramos fuera mucho mejor que lo que tenemos ahora. Entonces estaríamos dejando escapar cosas positivas. Pero claro, eso nunca se sabe. Déjame que te diga una cosa, si nunca lo intentas nunca sabrás lo que hay ahí fuera esperándote.

Seguramente todos empezamos a trabajar en algún trabajo poco relevante y mal pagado. Simplemente con hacer balance de nuestra vida laboral desde el inicio hasta el momento presente veremos que en un alto porcentaje, todos hemos ido subiendo peldaños, intentando mejorar las condiciones económicas y laborales.

Ahora piensa que por miedo al cambio, a salir de tu mundo conocido, te hubieras quedado en tu primer trabajo. Evidentemente, en ese momento no sabes si el cambiar te deparará mejoras sustanciales o terminará convirtiendose en un error. Pero es que si no lo haces, nunca lo sabrás.

Normalmente lo que recomiendan para ir adoptando el hábito de salir de la zona de confort es simple y llanamente, hacerlo. Sí, pero hacerlo ya, ahora mismo. Si te paras a analizarlo, te darás cuenta de que a lo largo del día encontrarás un montón de situaciones donde normalmente no actuarías. Te invito a que hagas un ejercicio de autoobligación.

Si vas a comprar al supermercado y al salir te das cuenta de que te han devuelto 10 céntimos de menos, vuelve a entrar y pide amablemente que te los devuelvan. No es tanto el hecho de recuperar 10 céntimos, sino más bien el hecho de forzarte a hacer algo que normalmente no harías.

De igual modo que si vas a un restaurante y te sirven un plato que está horrible, o no tiene nada que ver con lo que habías pedido, o te han cobrado algo que tu no has pedido. Fuérzate a reclamar. Más que el hecho de conseguir hacerte respetar, es el hecho de salir de tu zona cómoda. Esta claro que si no dices nada, pues tampoco pasa nada del otro mundo, pero inconscientemente estás haciendo como un avestruz escondiendo la cabeza ante un problema.

En inglés existe una historia llamada “boiling frog” (rana hirviendo) que cuenta que si a una rana la metes dentro de un cazo con agua hirviendo, naturalmente pegará un salto y saldrá despavorida. En cambio y metes a la misma rana dentro de un cazo con agua fría y la vas calentando poco a poco, la rana empezará a sentirse muy agusto en ese ambiente. Si continuas calentando el agua, lejos de saltar y salir del cazo, seguirá dentro hasta que el agua esté hirviendo con tanta fuerza que la rana, terminará muriendo dentro del cazo. Curioso, ¿no? Que me dirías si ahora cambiamos algunas cosas de la historia. Que tal si tu te conviertes en la rana y el cazo se transforma en un trabajo que no te gusta, no te llena, mal pagado, con malos horarios, malos jefes, etc.

Si te ofrecieran ese trabajo explicándote claramente todos esos puntos, lo más probable es que no lo aceptaras. Ahora bien, si te ofrecen el mismo trabajo y todas esas cosas se van dando poco a poco con el tiempo, posiblemente en vez de buscar otro trabajo pienses “Más vale malo conocido, que bueno por conocer. Lo que importa es la seguridad de un trabajo y sueldo fijos, que tal y como están los tiempos, ya es mucho. Seguro que en el futuro mejorará mi situación en la empresa”.

¿Estás dispuesto a salir de tu zona de confort?

 

 

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