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Las 10 reglas del éxito de Donald Trump

Las 10 reglas del éxito de Donald Trump

En su libro “Cómo hacerse rico”, Donald Trump nos muestra las 10 reglas para alcanzar el éxito. Seguro que analizándolas minuciosamente podemos extraer algo interesante:

1. Actúe como un general

Soy el Consejero Delegado y Presidente de The Trump Organization. Me gusta decir esto porque significa un gran reto para mi. Hay casi veinte mil miembros en esta organización ahora mismo. Hice un cartel en el que declaraba: “yo solo trabajo con lo mejor”. Esta afirmación todavía perdura hoy.

Cada vez más, veo que llevar adelante un negocio es como ser un general del ejército. Ordenar abrir fuego implica un gran reto de responsabilidad, no sólo para uno mismo, sino también para tus tropas. La vida de tus empleados, en todos sus aspectos, dependen de ti y de tus decisiones. Una mala estrategia puede terminar afectando a mucha gente. Aquí es donde ser un líder implica una nueva dimensión. Cada decisión que tomas es importante, tanto cuando tienes a veinte mil personas trabajando para ti como solamente a una.

Si eres cuidadoso al elegir tus empleados, el dirigir se convierte en algo bastante fácil. Yo sólo confío en ciertas personas claves que me mantienen informado. Ellos saben que confío en ellos, y ellos hacen lo máximo para mantener esa confianza intacta.

Por ejemplo, cuando necesito saber algo sobre mis casinos y hoteles en Atlantic City, sé que puedo llamar a Mark Brown, mi CEO (Chief Executive Officer, o sea, Director General), y obtener una rápida y completa respuesta. Si llamo a Laura Cordovano al Trump Park Avenue y le pregunto por las ventas, ella me dirá todo exactamente como es. Si llamo a Allen Weisselberg, mi CFO (Chief Financial Officer, o sea, Director Financiero), el me dirá todo lo que necesito saber en veinte palabras o menos. Mi asesor legal senior y consejero junior, George Ross, puede hacerlo en diez palabras o menos. Encuentra gente que cuadre con tu estilo de llevar el negocio y tendrás menos problemas que enfrentar conforme pase el tiempo.

Gente buena equivale a buena gestión, y buena gestión equivale gente buena. Ambos conceptos tienen que trabajar juntos, o no seguirán juntos por mucho tiempo. He visto una buena gestión llevada por gente mediocre, y también he visto gente excelente trabajar con determinación entre las dificultades de una mala gestión. Los buenos gestores se irán tarde o temprano, seguidos por los buenos trabajadores, y serás abandonado con un equipo que se queda porque son todos unos mediocres. Ahórrate tiempo consiguiendo la mejor gente que puedas. A veces esto puede significar elegir una buena actitud antes que experiencia y credenciales. Usa tu creatividad para lograr una buena combinación de ambas.

La gente creativa raramente necesita ser motivada, ellos llevan algo interior que rechaza el aburrimiento. Rechazan ser complacientes. Viven en el filo, lo cual es precisamente lo que se necesita para triunfar y seguir siendo un triunfador.

Uno de mis empleados en formación estaba a cargo de un nuevo proyecto. Hizo un completo y aceptable trabajo, pero sentí que faltaba algo. No era un trabajo soberbio, y tenía que haberlo sido, conociendo sus capacidades. Decidí entonces poner a prueba su creativo ego comentándole que el trabajo estaba bien pero con falta de inspiración. Le pregunté amablemente si estaba realmente interesado en el proyecto y le sugerí que quizás el problema podría ser ese.

Bien, el chico me tiró a matar. Se sintió profundamente insultado. Y, como probablemente podrán imaginar, la revisión que hizo del proyecto fue terrible. La diferencia entre la primera idea y la versión final fue increíble. En un primer momento no despaché al chico porque sabía que siempre estaba exigiendo más de si mismo y nunca me dejó en la estacada. Pero tuve que darle un susto para que reaccionara.

Los Generales motivan a sus soldados; ellos los inspiran cuando es necesario. Y también hacen lo mismo para sus oficiales de alta graduación. Todos necesitamos un empujón. Aprende cómo elaborar tu método para motivar en función de la personalidad del individuo a tratar.

Mantén la visión global en tu mente a la vez que atiendes los detalles diarios. Esto puede sonar a hacer juegos malabares, pero es absolutamente necesario para conseguir hacer una empresa funcione.


2. Manténganse alerta

En los años 80 yo volaba alto. Después de aprender de mi padre Fred, un constructor de Brooklyn y Queens, las esencias de la promoción inmobiliaria, llegué a ser uno de los grandes en Manhattan, construyendo el rascacielos Trump Tower, el Hotel Grand Hyatt, y muchos otros grandes edificios. Tenía un yate, un avión y un libro “bestseller”.

Los titulares de una revista decían: TODO LO QUE ÉL TOCA SE CONVIERTE EN ORO, y así lo creía yo. Nunca había conocido la adversidad. Pasé directamente de Warthon a la opulencia. Incluso en mercados modestos, compré propiedades baratas e hice un montón de dinero con ellas. Empecé a pensar que era algo fácil.

A finales de los 80 perdí la perspectiva. Había viajado a Europa para asistir a pases de moda, y ni siquiera miraba la ropa. Mi falta de atención estaba matando mi negocio. Entonces, el mercado inmobiliario se hundió. Debía miles de millones de dólares: 9,2 para ser exactos. Eso es nueve mil doscientos millones de dólares.

Ya he contado esta historia algunas veces antes, pero vale la pena repetirla: durante el “crash”, pasé al lado de un vagabundo en la calle y me di cuenta de que él valía 9.200 millones de dólares más que yo. Había visto un montón de amigos caer en la ruina, y nunca había vuelto a saber de ellos.

Los medios de comunicación me desayunaban todos los días. La revista Forbes, Business Week, Fortune, The Wall Street Journal, The New York Times… todos ellos publicaron grandes historias acerca de mi crisis, y parecía que un montón de gente se alegraba de ello.

Nunca olvidaré el peor momento. Eran las 3 de la madrugada. El Citybank me llamó a mi casa en el Trump Tower. Querían que fuera a sus oficinas inmediatamente para negociar nuevas condiciones con algunos bancos extranjeros (tres de los noventa y nueve bancos a los que yo debía esos miles de millones).

Es duro cuando tienes que decirle a un banquero que no puedes pagarle los intereses. Ellos no suelen ser muy amigos de esas palabras.

Una persona en Citybank me sugirió que la mejor manera de manejar esa difícil situación era que llamara personalmente a todos los bancos, y eso es exactamente lo que querían que hiciera, a las tres en punto de una fría madrugada de Enero con lluvia. A esa hora no habían taxis, por lo que caminé quince manzanas hasta el Citybank. Cuando llegué allí, estaba empapado.

Ese fue el momento más bajo. Habían treinta banqueros sentados alrededor de una gran mesa. Llamé a un banquero japonés, luego a otro austriaco, y luego a un tercer banquero de un país que no puedo recordar.

En mi libro El Arte de la Negociación, había advertido a los lectores que nunca garantizaran personalmente nada. Bien, yo no había seguido mi propio consejo. De los 9.200 millones de dólares que debía, había avalado personalmente mil millones. Era un pringado, pero un pringado con suerte, y agaché la cabeza negociando con algunos banqueros que lograron para mí un trato justo. Después de haber sido el rey de los ochenta, sobreviví a los principios de los noventa, y en la última mitad de los noventa estaba triunfando otra vez.

Pero aprendí la lección. Hoy en día trabajo igual de duro que cuando era un joven promotor en los 70.

No comentan el error que yo cometí. Manténganse alerta.

3. Aproveche su momento

William Levitt, el maestro constructor de Levittown, me enseñó el verdadero significado de la palabra “momento”.

En los años 50, él era el rey. Ningún detalle era lo suficientemente pequeño para su atención. Incluso llegaba a recoger personalmente clavos torcidos y astillas de madera de obras para asegurarse que sus cuadrillas estaban usando todo el material necesario. En 1956 vendió su empresa a la ITT por 100 millones de dólares, lo que equivaldría hoy día a miles de millones. Después de esto empezó a cometer algunos errores fatales.

Se retiró.

Se casó con la mujer equivocada.

Se trasladó al sur de Francia y vivió en la Riviera con su nuevo barco y su nueva esposa.

Un día, ITT lo llamó. Los ejecutivos a cargo del grupo no tenían aptitudes para la construcción residencial. Habían comprado parcelas inmensas de suelo pero no sabían cómo y para qué urbanizarlas. Entonces se las volvieron a vender a Levitt, el cual pensó que había hecho un gran negocio.

Volvió de nuevo a los negocios, y cayó en bancarrota.

Vi a William Levitt en un cóctel de una fiesta celebrada en 1994, dos semanas antes de que muriera. Estaba de pie, apoyado en una esquina, y parecía derrotado. Yo no lo conocía mucho, pero me acerqué a él, esperando aprender algo de sabiduría del maestro. “Sr. Levitt”, le dije, “¿qué tal está?”.
“No muy bien, Donald, no muy bien”. Entonces dijo las palabras que nunca olvidaré. “Perdí mi momento. Estuve fuera del mundo durante veinte años, volví, y yo ya no era el mismo.”

No importa lo capaz que seas, no importa que pienses lo bien que conoces tu negocio, debes permanecer vigilante acerca de los detalles en tu campo. No puedes basarte en la experiencia ó inteligencia. Incluso los mejores cirujanos necesitan reciclarse regularmente, para estar al día en las últimas investigaciones y métodos.

No importa lo que estés haciendo, no asumas que lo llevas sin esfuerzo. El momento es algo que debes trabajar para seguir manteniéndolo.

4. Contrata a un buen personal adjunto

Rodéate de gente en la que puedas confiar. A menudo digo que está bien ser un paranoico, pero no cuando esto te ocurre con tu propia gente.

Pídele a Dios que te conceda un buen Adjunto. No es broma. Un gran Adjunto puede hacerte la vida muy fácil –o en mi caso, casi soportable. Norma Foerderer ha estado conmigo los últimos veintitrés años. Si quieres saber lo buen chico que soy, entonces pregúntale a ella, pero no un viernes.

Lidiar conmigo, la oficina, y varios cientos de llamadas a la semana no es fácil. Ella es tan fuerte e inteligente como graciosa. Siempre es infatigable, lo cual ayuda mucho si trabajas para mí.

Mis teléfonos están tan ocupados que necesito de dos Adjuntas Ejecutivas, y nunca paran. Ellas solas atienden, de media, mas de 1250 llamadas semanales. No sólo son eficientes y rápidas, sino que además son dos agradables y guapas mujeres jóvenes.

No hace falta que seas guapa para trabajar conmigo –simplemente sé buena en tu trabajo. Siempre me han acusado de admirar a las mujeres guapas. Me declaro culpable. Pero cuando se trata de trabajo, cualquiera que sea guapa será mejor que sea inteligente también. Uno necesita gente competente con una ética de trabajo inherente a ellos. Yo no soy una persona conformista y no puedo tener gente conformista. Me muevo hacia delante deprisa y ellos deben hacer lo mismo también.

Una vez quise saber cuanto de rápido podía trabajar un empleado nuevo. Le dije que me iba en quince minutos y necesitaba algo terminado para entonces. Realmente no me iba a ninguna parte, pero, por supuesto, tuve lo que necesitaba en quince minutos.

¿Maquiavélico? Puede ser, pero ese día ambos aprendimos algo.

Una última cosa sobre los consejos sobre el personal adjunto, la cual aprendí de la propia experiencia y, lo admito, puede que no te sea de tanta utilidad como lo fue para mí: busca a una recepcionista que pueda hablar tu idioma. Nosotros tuvimos una belleza europea cara al público que cortaba el hipo; fácilmente podía haber rivalizado con Ingrid Bergman en su tiempo, pero descubrí que su habilidad para reconocer a gente de sobras conocida en los EE.UU. se limitaba a mí mismo, y quizás al Presidente Bush. No le eran tampoco familiares Hugh Grant, Reggie Jackson, George Streinbrenner, Jack Welch, Paul Anka, Mohamed Al Fayed, Regis Philbin ó Tony Bennett. Sus llamadas nunca llegaron a mi y sus nombres fueron apuntados en su “lista de psicóticos”.

Tenías que haberla visto. Era un desastre. Lo era hasta que la orientamos hacia otras oportunidades de carrera mejores, pero nunca la olvidaremos. Tampoco ninguno de los que llamaron y hablaron con ella, o por lo menos lo intentaron.

 

5. Recuerda: la responsabilidad empieza en tí

Establece un patrón. No esperes que tus empleados trabajen más duro de lo que tú lo haces. En mi caso, no tengo que preocuparme por eso, porque trabajo siete días a la semana y disfruto casi de cada minuto en que lo hago. Pero también hay que darse cuenta de que las empresas a veces funcionan como una segunda y atípica familia. Es natural, considerando que la gente a menudo pasa más tiempo con sus compañeros de trabajo que con sus propias familias.

Alguien que vino una vez a mi oficina dijo que las cosas que ocurrían allí le recordaban a una disputa familiar en acción. Debo admitir que el nivel del volumen se disparaba entonces y ahora, y no estaba muy desacertado en su afirmación.

Pero si quieres calma chicha todos los días, entonces vete al Mediterráneo. Los ganadores ven los problemas como otro camino para probarse a sí mismos. Los problemas nunca son verdaderos obstáculos para ellos, y si tú no quieres problemas, entonces no tengas ninguna empresa que dirigir.

Mira tu empresa como algo vivo, un organismo que respira, porque eso es lo que es. Todas esas cifras que ves en las hojas de cálculo reflejan la salud de ese organismo. Vigila las celdas malas mientras dejas subir como un pastel en el horno las buenas.

El crecimiento es un indicador de vitalidad, por lo tanto mantén tu organización en movimiento hacia delante siempre. Tener pasión por lo que se hace es crucial. Si no sientes emoción por lo que haces, ¿cómo puedes esperar que otros lo hagan? Si tus empleados no pueden ver y sentir tu energía, da por hecho que les afectará.

No intimides a la gente. Si lo haces, nunca obtendrás una respuesta sincera de ellos, y verás fracasar tus propios propósitos. Yo tengo siempre mi puerta abierta, y mi gente sabe que estoy a su disposición y soy accesible. No es que tengamos conversaciones de sobremesa, pero cualquier cosa que sea necesario resolver, se soluciona, y rápido.

Recuerda que tu organización es tú organización. Suena simple, pero la casilla de pérdidas y ganancias es tu bola de partido. La estrategia la eliges tú, y sobre ella verás los resultados. Recordando las famosas palabras de Harry Truman (fue presidente de EE.UU.) que tenía en un cartel sobre su escritorio de la Sala Oval, “LA RESPONSABILIDAD TERMINA AQUÍ”, yo tengo un dicho similar en mi escritorio, que dice: “LA RESPONSABILIDAD EMPIEZA AQUÍ”.

6. No te andes por las ramas

Si te andas por las ramas, es un indicio de que no estás seguro de ti mismo y de lo que estás haciendo. Es lo que hacen todo el rato los políticos, y lo considero inapropiado, insultante y engañoso.

Yo intento no hacerlo. Afortunadamente, no tengo que esforzarme mucho, ya que se me conoce por ser directo (y rápido) en ocasiones, lo cual es bueno.

Una vez le pedí a un ejecutivo de mi organización que me diera una resumen sobre una promoción que estábamos estudiando. Él había estado en la ciudad en cuestión, había pasado algún tiempo allí, y había hecho algunas indagaciones con discreción. Entonces empezó a describir las ventajas del lugar, las desventajas, las cosas buenas, las cosas malas, los pros, los contras –asi siguió y siguió con gran detalle. Probablemente habló durante diez minutos seguidos. A juzgar por lo que me estaba diciendo, había muchas más razones por las que abandonar el proyecto que razones por las que meterse y llevarlo adelante. Era como una final pero sin prórroga.

Le hice más preguntas, y terminamos exactamente al principio de donde estábamos. Se situaba en ambos lados de la barrera a la vez y no parecía que fuese a decantarse por ninguno de ellos. Este chico tenía mucha experiencia y mucha práctica, así que finalmente le pedí su opinión del proyecto en diez palabras o menos.

“Apesta”, dijo él.

Le sobraron nueve palabras, pero no las necesitó.

7. Hazte dos preguntas

1. ¿Hay alguien que pueda hacer esto mejor que yo?

O dicho de otra manera: Conócete a ti mismo, y conoce a tu competencia. Si tu competencia es mejor que tú, entonces necesitas ofrecer algo de lo que ellos carecen.

2. ¿Qué es lo que no quiero ver?

Todos nos podemos ver arrastrados por la euforia en un momento de creatividad, o lo que los asesores de comunicación del que fue presidente Richard Nixon solían llamar “la ascensión de un sueño”. Antes de que ese sueño te eleve hasta las nubes, asegúrate de que te has fijado a conciencia en lo que ocurre en el suelo.

8. Las excusas sólo alargan las situaciones

Me parece divertido que la frase que más me están asociando en estos días es “Estás despedido”, porque la verdad es que aunque he tenido que despedir a gente de vez en cuando, no es una parte importante de mi trabajo. Prefiero mucho más tener gente leal y trabajadora a mi alrededor por más tiempo de lo que ellos quisieran. Hay una estupenda señora con sus noventa años, Amy Luerssen, que trabajó para mi padre y que aún acude a su puesto en nuestra oficina de Brooklyn.

Aquí, en The Trump Organization, Helen Rakotz ha trabajado para mí desde el día en que me mudé a Manhattan, y aún sigue haciendo horas extra cada semana. Tiene ochenta y dos años.

Una vez retrasé el despido de alguien por dos años porque siempre tenía una batería de excusas cada vez que tocaba el tema de su marcha. Daba igual lo que estuviera pasando, siempre tenía alguna estupenda gestión a punto de materializarse.

Se las arregló para torearme durante dos años, y siempre le creía –o quería creerle. Finalmente, tuve que reconocer que sus excusas eran falsas, pero le di todas las oportunidades antes de despedirlo.

A no ser que tu jefe sea un sádico total, él (o ella) no querrá despedirte o causarle un perjuicio a tu familia. Si crees que estás en peligro de ser despedido, toma el control de la situación y pídele una cita a tu jefe.

Asegúrate de que pides la cita en el momento adecuado. Dile a tu jefe que quieres cerciorarte de que estás transmitiendo y haciendo tu trabajo a satisfacción de todos.

Por supuesto, si tu jefe es un sádico, o simplemente un mal interlocutor, aún sigues teniendo un problema. En ese caso, despide a tu jefe y búscate un trabajo mejor. No tiene sentido intentar luchar por una mala situación que nunca va a mejorar.

Yo nunca intento disuadir a la gente de que no se vaya. Si no quieren estar aquí, no los quiero conmigo. Nunca ha venido nadie a mí con un ultimátum. La gente ve cómo funcionan aquí las cosas, y si no les conviene, se van. Algunas veces ocurre rápidamente.

Una cualificada y experimentada recepcionista trabajó aquí por el gran total de seis horas. Se dio cuenta de sobras que el ritmo existente no era para ella, y muy educadamente nos lo dijo y se fue. Yo aprecié su rápida percepción y capacidad para tomar decisiones. Seguramente desarrollará con éxito su trabajo en algún otro sitio.

9. Cada nueva contratación es una apuesta

Alguna gente hacen entrevistas tan fantásticas que los harías vicepresidentes al momento, hasta que te das cuenta que su verdadero talento es simplemente hacer una entrevista fantástica.

Es por eso, en cierto sentido, que cada nueva contratación es una apuesta.

Las credenciales impresionantes no siempre suponen una gran practicidad o adaptación en el puesto.

El no tener credenciales no significa necesariamente no tener talento. Ser cauteloso ayuda mucho y te previene de ser sorprendido. La gente puede ofrecer una mezcla interesante de pros y contras.. El tiempo hará de filtro por ti. Todo lo que tienes que hacer es prestar atención.

Lo que busco en mis empleados es un sentido de la responsabilidad que vaya más allá de lo meramente suficiente. Algunas personas darán de sí lo mínimo, y otras verán la organización como un todo. Se ven a sí mismos teniendo una relación directa con el éxito o fracaso de la empresa donde trabajan. Creen que son importantes, y su trabajo lo demuestra. Si eres capaz de insuflar este sentido del valor en tus empleados, tendrás a un equipo de primera trabajando para ti. Las personas que se sienten orgullosas de su trabajo es el tipo de gente que necesitas tener a tu alrededor –y la que yo quiero preservar a mi alrededor.

Me gustan especialmente los empleados que gastan –y lo que es más importante, ahorran- el dinero de la empresa como si fuera suyo. Las empresas se ven perjudicadas cuando sus empleados no hacen el esfuerzo suficiente para controlar los costes. Los trabajadores que sienten una responsabilidad personal por los presupuestos que manejan, los que ven la cuenta de pérdidas y ganancias como una extensión de su propia cuenta de ahorros, son a menudo los que consiguen los mejores resultados.

Si dejas que tu jefe sepa que estás pendiente de la cuenta de resultados, siempre serás apreciado. Respeto a los empleados que piensan con los pies en el suelo.

Eso es lo que hace George Ross, mi consejero senior. Su adjunta, Carole Berkowitz, estaba un día ayudando en mostrador cuando recibió una llamada de una extraña diciendo que estaba a punto de suicidarse. Carole le dio credibilidad a la llamada y se tomó unos minutos para escuchar a la desdichada mujer.

Carole le preguntó de dónde era, y la mujer le contestó que vivía en el Sur de California, no muy lejos de la playa. Carole le respondió: “¿Vives en California? ¿Cerca de la playa? ¿Sabes el frío que hace hoy en Nueva York? Estamos a trece grados bajo cero en el exterior! Yo casi me congelo viniendo al trabajo. Si yo fuera tú, me iría a la calle ahora mismo, me daría un largo paseo por la playa, y me sentaría al sol un rato. Eso es lo que haría si yo fuera tú.” La mujer se calmó al momento y le agradeció a Carole el haber sido tan amable con ella.

Esa es la clase de personas que queremos tener alrededor.

Es necesaria una cierta cantidad de ambición personal, pero no hasta el punto de que obstaculice el objetivo común de la empresa. Si tu equipo no puede trabajar junto, no conseguirás demasiado. No me gustan las puñaladas por la espalda. No es necesario, y me parece que es un agravio. Tengo ojos, oídos e instintos también. Puedo enfrentarme a las personas y situaciones por mi mismo. Si la gente tiene tiempo para banalidades, es un indicador de que no están lo suficientemente ocupados con su trabajo.

No puedes esperar llegar a ser un empleado valorado si no te haces valorar. Piensa en ello: ¿Como contribuyes a la buena marcha de la empresa? ¿Colaboras en mantenerla activa y en movimiento hacia delante? ¿Trabajas entusiásticamente ó con desgana? ¿Lo haces todo mecánicamente esperando que nadie se dé cuenta? La única persona a la que puedes engañar es a ti mismo. No puedes engañar a los demás, aunque creas que puedes hacerlo.

Mucha gente dice que se deja llevar por la mecánica de su trabajo porque su puesto no les supone un reto o satisfacción y que no hay posibilidades de crecimiento. Es una situación terminal. Quizás pudiera ser así. Si es así, mira fuera en cualquier empresa que te pueda ofrecer una promoción en la especialidad de tu interés o conocimientos que tengas. Hay ocasiones en las que debes moverte, y situaciones en las que la única salida se encuentra afuera.

10. Las ideas son bienvenidas, pero asegúrate de elegir la correcta

Si dirige una empresa, hagase accesible a sus empleados. Si sienten que pueden aportar ideas para usted, lo harán. Si ellos sienten que no pueden, no lo harán. Es posible que se pierda un montón de buenas ideas, y muy pronto puede perder una gran cantidad de empleados. Autorizo a las personas a ejecutar sus ideas por medio de mí. No tengo mucho tiempo, así que tienen que estar preparados.

Así que si usted va a ser lo suficientemente audaz para presentar su idea, que sea lo más clara posible, y no lo tome casual. Piense en ello como una presentación que le podría costar mucho dinero, como si usted fuera a perder el cliente. Aprende a reconocer la fina línea entre ser agresivo y ser inteligente-asertivo. Puede ser una cuestión de tiempo prestar atención a lo que sucede a su alrededor y el ritmo mismo de acuerdo a ese ritmo. Trato de desarrollar un ritmo cuando estoy trabajando. Alguien que interrumpe no va a recibir una cálida bienvenida. Además, recuerde esto: El jefe tiene el panorama general, usted no. Por lo tanto, si su idea no cumple con vivas, podría muy bien ser que una idea similar ya está en desarrollo o de que su idea no está en sintonía con los planes que ya se han hecho. Esto no debe desalentarnos, porque su iniciativa siempre será observada.

Me gusta que la gente que no se dé por vencida, y no que se limiten a ser una plaga perjudicial para todos. Una vez más, afinar su discernimiento. Saber hasta cuándo. Mantenga sus antenas para otra idea y una oportunidad más conveniente. A veces dudamos con razón.

 

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